Santiago es una gran ciudad, que tiene un gran plan de transporte, que ha sido un gran dolor de cabeza para los santiaguinos. Pero Rancagua no se queda atrás con su bello plan de transporte. Comenzó siendo un proyecto que nos ofrecía nuevos buses, tarifas más bajas, mayor eficiencia, comodidad y un montón de otros beneficios que son dignos de un ser humano urbanizado. Comenzó todo bien con el cambio de buses. Algunas líneas mostraron toda su elegancia poniendo a nuestra disposición microbuses cómodos y rápidos, choferes vistiendo el uniforme adornado por el logo que representaba todo lo bueno de un plan que hacía sentirnos orgullosos de una ciudad que estaba progresando y tratando a sus habitantes como verdareros miembros de una moderna urbe. Pronto comenzó la confusión por los nuevos números de los recorridos. Ahora eran tres relucientes números los que marcarían el destino de nuestro viaje, y para enterarnos de cuál era el que correspondía a nuestras necesidades debíamos consultar al numerólogo más cercano, ya que la confusión era mayúscula
debido a la total ausencia de información.
Los problemas y decepciones no terminaron allí. Ya que pronto comenzaron a aparecer aquellas micros que creiamos haber dejado en el pasado, pero esta vez lucían el hermoso logo de TRANSO'HIGGINS. La nostalgia hacía de mi un niño al sentir de nuevo el exquisito olor a petróleo, esas ventanas imposibles de abrir y aquellos choferes malhumorados volvían a ser como Moisés guiando a su pueblo dividiendo las aguas de una inundada alameda.
Los tres relucientes dígitos no significan mucho ahora. Nuestros amigos choferes nos han hecho más fácil la tarea al reutilizar los viejos letreros que vuelven a adornar los parabrisas repletos de autoadhesivos. "Jesús es mi copiloto" o "pico pa'l que lo lee" en los asientos., vuelven a acompañarnos en los lentos viajes a travéz en nuestras queridas: "la quebrantahuesos " o "la microondas".
Nostalgia y modernidad son cosas que no van de la mano con la eficiencia que pretendía entregarnos el nuevo sistema de transporte, pero habrá que tomárselo con humor y comprar un helado para capear el calor que sofoca a la hora de esperar eso quince minutos en San Martín.

3 comentarios:
Notable. No me había fijado en la similitud que hay entre ambos transportes.
El lunes viajé por el Metro en Santiago, con lo que noté la gran ventaja de vivir en provincia: menos personas = mejor aroma.
Primero que todo, felicitaciones por tu iniciativa. Le hace falta a los Rancagüino un espacio donde sacar fuera toda su frustración.
FELICITACIONES.
Bueno, al grano: "TRANS O'HIGGINS".
Haciendo un análisis un poco más profundo y esotérico, nos damos cuenta de que el problema no son los nuevos planes de transporte, no son las micros, ni tampoco el Ministerio de Transporte, todo recae simplemente en una palabra que está "MALDITA". Esa es "TRANS".
Un consejo, nunca inicien negocio o empresa con la palabra TRANS, pues de seguro caerá en el fracaso, aunque la idea haya sido digna de un Nobel.
Ahí está el error señores, por eso luego del fracaso de Trans-Bogotá, luego del Trans-Ohiggins, vino el Fracaso del Transantiago.
Piensen y tengan miedo. Cualquier día, una micro TRANS podrá chocar contra su casa.
BY
^^Shinji
Gracias por considerarlo una buena iniciativa.
A lo mejor podríamos hacer los ciclos "trans-anime".
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